El vino tinto de la Península Ibérica refleja una de las tradiciones vitivinícolas más antiguas y ricas de Europa. Elaborado principalmente en España y Portugal, se caracteriza por su gran diversidad de estilos, resultado de la variedad de climas, suelos y uvas autóctonas de la región.
Suelen ser vinos de color intenso, con aromas que van desde frutas rojas y negras maduras (cereza, ciruela, mora) hasta notas especiadas, minerales, tostadas o balsámicas, especialmente en aquellos criados en barrica. En boca pueden variar desde tintos frescos y ligeros hasta vinos potentes, estructurados y elegantes, con taninos bien definidos y buena capacidad de envejecimiento.
Entre las uvas más representativas se encuentran Tempranillo, Garnacha y Monastrell en España. En conjunto, los tintos ibéricos destacan por su personalidad, equilibrio y excelente relación calidad-precio, siendo ideales tanto para el consumo diario como para ocasiones especiales.